Dieciséis niñas y niños descubrieron que una oportunidad puede cambiar la forma en que se ven a sí mismos… y el futuro que imaginan.
Durante cinco días, dieciséis estudiantes de sexto grado de primaria provenientes de escuelas públicas de Acapulco de Juárez y Coyuca de Benítez, Guerrero, vivieron una experiencia que difícilmente olvidarán. Del 17 al 21 de junio de 2026 participaron en el Campamento Santa Úrsula, un espacio donde la aventura, la convivencia y el contacto con la naturaleza se transformaron en herramientas para fortalecer habilidades socioemocionales y descubrir capacidades que muchos de ellos aún no conocían.
Esta experiencia representó el cierre del Taller de Desarrollo de Habilidades Socioemocionales impulsado por la Asociación Niños en Alegría durante el ciclo escolar 2025–2026. Sin embargo, los resultados demostraron que el verdadero aprendizaje comenzó mucho después de que concluyeron las actividades del campamento.
Durante su estancia, las y los estudiantes enfrentaron desafíos personales a través de actividades como canopies, tirolesa, rápel, escalada, ciclismo y go-karts. Cada reto representó una oportunidad para fortalecer la confianza, la resiliencia y la capacidad de tomar decisiones. Algunos vencieron el miedo a las alturas; otros aprendieron a pedir ayuda, a confiar en sus compañeros o simplemente a reconocer que cada persona avanza a su propio ritmo.
Más allá de las actividades recreativas, el campamento se convirtió en un espacio para aprender a convivir, escuchar, dialogar, respetar las diferencias y asumir responsabilidades cotidianas. Durante cinco días, las pantallas fueron sustituidas por conversaciones, los salones de clase por senderos entre árboles y la rutina por experiencias que fortalecieron la autonomía, el trabajo en equipo y la empatía.

Los cambios no tardaron en hacerse visibles.
Al regresar a casa, madres y padres de familia comenzaron a observar transformaciones que iban mucho más allá del entusiasmo por el viaje. Sus hijas e hijos mostraban mayor seguridad, independencia y disposición para colaborar en casa. Varias familias señalaron que los notaban más seguros para expresar sus ideas, con mayor confianza para enfrentar nuevos retos y con una actitud distinta hacia la convivencia y el cuidado de sí mismos.
Las encuestas aplicadas al finalizar el programa respaldaron estas percepciones. La totalidad de las y los estudiantes manifestó haber vivido una experiencia positiva y significativa, mientras que el 100 % de las familias que respondieron la evaluación reportó cambios favorables en sus hijas e hijos después del campamento. Entre los avances más frecuentes destacaron el fortalecimiento de la seguridad personal, la autonomía, la confianza y la capacidad para relacionarse con otras personas.
Uno de los momentos más significativos de esta edición estuvo representado por la historia de Mario Eduardo, ex beneficiario de la Asociación Niños en Alegría y participante del Campamento Santa Úrsula hace doce años.
En 2026 regresó al mismo lugar, ya no como campista, sino como médico recién egresado y voluntario responsable del acompañamiento del grupo.
Su presencia se convirtió en un poderoso mensaje para las niñas y los niños participantes. Ver a alguien que alguna vez ocupó su mismo lugar regresar años después para servir a otros les permitió comprender que las oportunidades pueden transformar vidas y que, con esfuerzo y perseverancia, los sueños pueden convertirse en realidad.
Sin embargo, quizá el momento que mejor resume el impacto de esta experiencia no aparece en ninguna estadística.
Al responder la encuesta final, una de las participantes escribió:
«Cuando sea grande quiero trabajar en el campamento para ayudar a otros niños.»
Esa frase refleja el verdadero alcance del programa. La experiencia dejó de ser únicamente un recuerdo para convertirse en una inspiración. El deseo de regresar algún día, no para recibir, sino para ofrecer a otros la misma oportunidad, representa el mayor logro que puede alcanzar una iniciativa de este tipo.
Desde hace más de veintidós años, la Asociación Niños en Alegría ha impulsado proyectos que buscan fortalecer el desarrollo integral de niñas y niños a través de experiencias educativas y formativas que complementan su aprendizaje dentro del aula. El Campamento Santa Úrsula forma parte de esa visión: brindar oportunidades que fortalezcan habilidades para la vida, promuevan la construcción de relaciones positivas y permitan a las nuevas generaciones descubrir que son capaces de alcanzar metas que antes parecían inalcanzables.
Porque, al final, el verdadero impacto de una oportunidad no se mide únicamente por los días que dura una experiencia, sino por las decisiones que inspira en quienes la viven.
Y algunas de esas decisiones tienen el poder de transformar una vida… y, con el tiempo, muchas más.

Por: Nohemí López Zárate